-No me puedo creer que sigamos discutiendo sobre el reparto de las tierras, Bargan de Balsonda. -interrumpió Alexander, duque de Liet. -Hace años que las demarcamos, con el consenso común del Consejo. No tienes derecho a reclamar zonas que por derecho nos pertenecen. No es mi problema que nuestros campos se mantengan más fértiles que los de vuestros. -reprochó el duque.
Alexander de los Liet, duque por noble nacimiento, asistia a una de las regulares reuniones del Consejo, donde se discutían temas de estado que afectaban a la ciudad o al país. Alexander tenía el pelo pelirrojo, corto y rizado, además de una poblada y recortada barba. Tenía el aspecto que se podia esperar de un noble como él: altivo y magnánimo. Debido a su fuerte carácter se había erigido como lider natural de entre sus hermanos. Era la piedra angular de la Casa Liet.
-Mi gente necesita de otras tierras, Alexander, debes comprenderlo. Con las que tenemos apenas podemos mantener a nuestro ejército -dijo Bargan, acabando su exposición.
-Nosotros necesitamos las tierras tanto como vosotros. Si necesitais más, anexionad las tierras bárbaras, que se extienden al suroeste, mas alla de las vuestras. ¡Las tierras de Liet se mantendrán como están! -concluyó Alexander.
-¡Orden!¡Orden, señores! -exclamó el moderador del consejo mientras repicaba con su mazo en el centro de la mesa. -Vamos a proceder al voto del nuevo plan de reestructuración de tierras presentado por Balsonda. Como siempre, indiquen con el pulgar si están a favor o en contra. A ver... Liet, Dorgan, Amenter y Nert en contra; Balsonda y Vaata a favor. En nombre del consejo deniego la propuesta presentada por Bargan de Balsonda con dos votos a favor y cuatro en contra. Con esta votación doy por concluida la sesión del consejo.
Alexander se levantó de su asiento y, satisfecho con la última votación, salió por la puerta que correspondía a su Casa. Fuera le esperaba su guardia personal, que le escoltó a traves de los puestos del mercado circular hasta su palacio. Una vez dentro, cruzó el amplio vestíbulo en linea recta y se dirigió al salon principal del palacio, en dirección a su trono. Gárim, que se encontraba en la sala, le salió a camino.
-¡Salve Alexander! -exclamó Gárim. -Señor, he preparado las pociones y elixires correspondientes a esta estación. Están preparadas para repartirlas entre la guardia y el ejército. Además he preparado los tónicos destinados a vuestra familia.
-Muy bien Gárim, como siempre has cumplido tu cometido a la perfección, sirves bien a nuestra familia. Ahora puedes retirarte -dijo Alexander, levantando la mano.
Gárim se despidió con un ademán y salió del salon del trono por una puerta lateral.
-Bien... parece que todo sigue en su sitio, tal y como debe estar -dijo Alexander para sus adentros, sentandose en el trono.
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